Intentaré llevarlos a través del tiempo y plantear un recorrido de los hechos más relevantes que permitieron la llegada de la primera vacuna. Les contaré cómo el amor y la rebeldía fueron cruciales en esta historia. Pero antes, no podremos evitar hablar de la viruela.
Un poco de historia: La viruela
La historia de la viruela, contada a través de los siglos, es una crónica fascinante de una batalla épica entre los humanos y uno de los virus más terribles que jamás hayamos enfrentado.
Puede que hoy no sea tan conocida, pero azotó a la humanidad por siglos y fue la escenografía de una gran obra de ciencia llamada vacuna. Se estima que surgió hace 10.000 años, en paralelo con el desarrollo de la agricultura. La primera evidencia de posible infección por viruela es en momias egipcias que muestran cicatrices características.
Situémonos en la Europa del Siglo XVIII, donde las condiciones de higiene eran mínimas, la mayoría de la población vivía hacinada, no existía la red de cloacas y aún faltaban más de 100 años para que Dmitri Ivanovsky descubriera la existencia de algo que no podía ver, pero que afectaba continuamente sus plantas de tabaco: algo que llamó VIRUS.
La viruela, causada por el virus variola, fue una de las más devastadoras en la historia de la humanidad. Imaginen una enfermedad de la que solo sabían que no discriminaba. Desde emperadores hasta campesinos, desde Mozart hasta Violeta Parra, nadie escapaba a llevar la marca de sus lesiones…¿o si?.
Conforme la humanidad fue ampliando sus fronteras, la enfermedad se propagó por las rutas comerciales, llevando consigo una tasa de mortalidad de hasta el 30% (probablemente mucho mayor en niños). “Un niño no era de su madre hasta que había superado la viruela”1 se solía decir en la antigüedad.
Los que sobrevivían no quedaban ilesos. Las cicatrices, a menudo profundas, y muchas veces la ceguera, eran un recordatorio permanente del horror vivido. Una marca de fuego.
A medida que los campos se fueron abandonando y las comunidades organizando, también lo hizo esta enfermedad. En las urbes densamente pobladas la viruela encontraba su caldo de cultivo perfecto.
Las epidemias eran periódicas y devastadoras en Europa, Asia, África y América. La viruela no conocía de fronteras. Ciudades enteras podían verse paralizadas por un brote, y las cuarentenas eran parcialmente efectivas. La Humanidad bailaba al ritmo de las pandemias.
“La Humanidad bailaba al ritmo de las pandemias”.
No había remedios de abuela que evitaran el sufrimiento y su contagiosidad hacía que el aislamiento sea insuficiente. La sociedad estaba condenada.
¿Y ahora quién podrá defendernos?
Un chipiron enrojado de ciencia
Como toda gran realización de la humanidad, los buenos resultados no surgen de un destello repentino de inspiración, como en las películas, sino de un proceso largo y complejo a través del tiempo, de múltiples actores que contribuyen, a menudo de manera inconsciente, a un esfuerzo colectivo.
Si hacemos una búsqueda en Google encontraremos como padre e inventor de la vacuna al Dr Edward Jenner (qué raro un varón europeo apropiándose del bronce), quién por supuesto jugó un rol protagónico y fundamental al ser el primero en condensar el conocimiento y pasarlo por el método científico, pero quizás no fue el único.
De costras y mujeres viajeras
Antes de Jenner, existen registros de que en la antigua China ya se realizaban “vacunas orales y nasales” con costras de enfermos de viruela. También, en la actual Turquía, existía la variolización, una técnica en la cual a partir de costras pulverizadas e implantadas de forma subcutánea, se lograba evitar formas graves de la enfermedad.
Ahora sí, les contaré la invisibilizada y audaz historia de Lady Mary Wortley (Mary Pierrepont), una mujer rebelde, que por el 1700, desafió los mandatos familiares y se casó con su amado Edward Wortley Montagu, sin saber que esto la convertiría en pionera de la variolización en el Reino Unido y, sin duda, parte fundamental del desarrollo de la vacuna de Jenner.
Victoria Pallejá nos da un pantallazo de su personalidad: “con sutilidad se pliega a los cánones estilísticos de la alta sociedad inglesa de la época en la forma, pero en el fondo se permite una audacia que raya con la osadía en no pocas ocasiones“2.
Lady acompañó a su marido en un viaje diplomático que tenía como misión negociar con el Sultán otomano una estrategia para neutralizar el avance austríaco. Esto los llevó por tierra hasta el centro del Imperio Otomoano, hoy Estambul, donde fue aceptada en los harenes adoptando parte de la cultura oriental. Su incansable curiosidad y su mente abierta la llevaron a tomar contacto con esta técnica de variolización que se hacía principalmente en mujeres para evitar que se contagiaran de viruela y preservar su belleza. El éxito y la seguridad de esta técnica era tal que Incluso decidió exponer a uno de sus hijos y consiguió evitar que atraviese ese infierno. Lady documentaba sus vivencias y las comunicaba mediante sus cartas a Inglaterra. Gran parte de estas cartas se encuentran recopiladas en el libro Cartas desde Estambul.
Unos 70 años antes de la vacuna de Jenner, gracias a esta audaz mujer, ya había registros, en Gran Bretaña, de que al exponer una pequeña muestra debilitada de la enfermedad se genera una enfermedad mínima y así se evitan las formas graves de la tan temida viruela.
Como nos cuenta la Dra Natalini en su interesante nota “El comienzo de los ensayos clínicos y la vacunología”,3 Jenner recién desarrolló una hipótesis luego de observar que las ordeñadoras que contraían la viruela bovina (cowpox) parecían inmunes a la viruela humana. Generó una teoría, sistematizó el conocimiento y salió al campo a comprobarla. Literal, porque el primer vacunado fue el hijo de su jardinero.
En 1796, inoculó a un niño con material de una lesión de viruela bovina y, posteriormente, demostró que el niño era inmune a la viruela humana. Concluyó, de esta manera, que había encontrado la forma de evitar uno de los peores males de su época.
Esta increíble noticia no tardó en desparramarse y fue fuente de inspiración para reunir tropas y salir a dar batalla. Como mencionan Emilio Perigüell y Rosa Ballester Añón en su recomendable libro En el nombre de los niños: “ Cinco años después de la publicación del trabajo de Jenner (1798), en 1803, el Rey de España, Carlos IV, mandó organizar una Expedición Filantrópica, para extender la vacuna a todos los dominios de ultramar, que comprenden: Canarias, nuestras Indias del Continente Americano y Filipinas, que se extendería también a Macao y Cantón, y de vuelta para España, a la Isla de Santa Elena, siendo por tanto esta empresa la primera acción humanitaria de ámbito universal que se realizó en el mundo. Y con unos medios precarios: un barco de vela, cuatro facultativos, seis enfermeros y unos cuantos niños, pues los adultos no eran aptos para esta empresa, pues casi todos habían padecido la viruela y no resultaban receptivos”4. Esta historia la dejamos para otro viaje.
Saltamos un par de siglos y… Con el tiempo, las campañas de vacunación masiva se convirtieron en la principal estrategia para combatir la viruela. En 1967, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una campaña mundial de erradicación. A través de esfuerzos coordinados de vacunación y vigilancia, la viruela fue empujada al borde de la extinción. El último caso natural de viruela se registró en Somalia en 1977. Tres años después, en 1980, la OMS declaró oficialmente erradicada la viruela. Fue la primera enfermedad en ser eliminada por completo gracias a la intervención humana.
El legado de una victoria
La historia de esta vacuna es un testimonio del poder de la ciencia y la colaboración global. Hoy, la vacuna contra la viruela es una herramienta del pasado, reservada solo para casos de bioterrorismo. Sin embargo, la lección aprendida de la lucha contra la viruela sigue siendo relevante: con determinación, cooperación y ciencia (mucha ciencia), incluso los desafíos más formidables pueden ser superados.
“Hoy, la vacuna contra la viruela es una herramienta del pasado, reservada solo para casos de bioterrorismo”.
En la actualidad, en tiempos donde pareciera revolucionario volver a cuestionar la redondez de la tierra, es imperioso tomarnos un minuto para conocer y reflexionar sobre los procesos que nos trajeron hasta aquí, destacar también lo importante de la coordinación y las políticas públicas, lo colectivo por encima de lo individual. Las vacunas, desde 1798 o quizás antes, salvan vidas, erradican plagas y como se trató en esta nota, tienen un desarrollo de más de 200 años. Lo único plano en esta tierra es la mesada de los laboratorios donde científicos y científicas trabajan incansablemente.
Que la viruela moderna de la desinformación no nos vuelva a dejar con los ojos ciegos bien abiertos.
Autores: Agustin Labourt, Florencia Acuña.
Arte, diseño y edición : Sofía Szilvay.
Bibliografía, referencias e inspiraciones:
–1Los orígenes de las vacunas. Arnoldo Quesada.
–2Cartas desde Estambul. Lady Mary Wortley Montagu. Victoria Pallejá
–3El comienzo de los ensayos clínicos y la vacunología. Dra Silvina Natalini. Red Investigación Clínica
–4En el nombre de los niños: La real expedición filantrópica de la vacuna (1803-1806). Emilio Balaguer Perigüell. Rosa Ballester Añón
–Qué sabemos de LAS VACUNAS. CSIC. María Mercedes Jiménez Sarmiento; Nuria E. Campillo; Matilde Cañelles
-Cómo la viruela se convirtió hace más de 4 décadas en la única enfermedad humana que se logró erradicar Maria Elena Navas (BBC News)
-Lady Mary Wortley Montagu, la mujer pionera de la inmunización olvidada por la historia. Tom Solomon (BBC News)
– Edward Jenner y los niños que transportaron la vacuna de la viruela. Paula Peña.(VANITYFAIR) – Edward Jenner, el inventor de las vacunas. J. M. Sadurní. (National Geographic) – CDC. https://www.cdc.gov/smallpox/index.html https://www.cdc.gov/smallpox/history/history.html – EL GATO Y LA CAJA. https://elgatoylacaja.com/notas/indice


Deja una respuesta